LA BELLE POP: descubrí una fiesta distinta en el corazón del microcentro porteño.


La Belle Époque fue un período de la historia de Europa comprendido entre el final de la Guerra franco-prusiana en 1871 y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, caracterizado por el optimismo y la fe en el progreso de una Europa optimista, que veía su recuperación de una etapa oscura de su historia. La "bella época" quiere decir. Pero la BELLE POP viene a hablarnos de otra época igualmente recordada como "bella": los años 80´s. ¿Cómo lo logra? Lo hace siendo una versión estallada, underground y de bolsillo de toda esa energía. 
De por si, uno de los mayores aciertos para definir la fiesta, el lugar, el clima del evento que tiene lugar todos los sábados después de la medianoche, es su nombre: "Belle Pop" propone un maridaje entre una palabra francesa (cuya comprensión es restringida, o por lo menos, sofisticada) con "pop", una palabra conocida por todos y que de hecho, apela a ser eso: para todos, mainstream. Lo estilizado (como estilizados fueron los 80´s) y lo accesible. ¿Por qué elijo hablar de esto acá? Porque creo que es una fiesta absolutamente afín al espíritu de Lo que el mundo nos debe. 
Hablemos del lugar: San Martín 678, Ultra Bar. Por fuera una edificación alta, algo señorial, hasta me resultó intimidante la primera vez: alta y silenciosa, imponente, con unas gruesas columnas rectangulares delante de la entrada, todo bañado por la luz fría de la calle. Pero al entrar cambia todo: no hay luces claras brillantes, hay oscuridad cómoda y un amable guardarropas donde te cuidan abrigo y bolso. Apertura 23:00, happy hour hasta la 01:00, después de eso se paga una entrada de $ 150 que incluye una consumisión. 

A partir de ahí un largo pasillo con mesitas bajo carteles con imágenes de Bowie o Michael Jackson, entre otros, la luz fundamental es la que mana de la barra, donde hay que ir a probar el ruso negro, el blanco y la piel de iguana. La gente de la barra tiene una onda espectacular.

Ya tomaste algo para entrar en ambiente, mientras la banda invitada toca unos temas: seguís el sonido de las guitarras eléctricas y llegas al lugar de donde proviene: el gran patio techado, como de vecindad, con escaleras de material bordó, con macetones en los escalones y mesas y sillas de jardín desparramadas contra un lateral, para sentarse más avanzada la noche. Como si el patio de la vecindad del Chavo hubiera sido tomar por asalto por Abba y Bon Jovi. 

Todo tiene una luz morada, violácea, y unas proyecciones como de neón se clavan en una pared haciendo formas. 

La gente que va a la Belle Pop es una de las mejores cosas. Son gente de entre 25 y 35 años, tranqui pero que se quieren divertir, que conocen los temas y corean los estribillos mientras saltan y hacen pogo. Lo retro como código musical y estético son como una medianera lo bastante alta como para exigirle al pasante que se sepa Don´t you want me baby para participar, pero lo bastante bajo para incluir con camaradería a todo aquel que quiera sumarse a la experiencia. 

Duran Duran, Abba, The Human League, Aretha Franklin, Bon Jovi, Electric Light Orchestra; todos los clásicos inundan el aire, las mesas, las sillas. Y claro que puede llevarse su foto enfiestado gracias a la buena onda de la fotógrafa oficial. 

BELLE POP: una fiesta que se parece a lo que el mundo nos debe. Un intento eficaz por volver a la música de antes (a "el margen" en este mundo obsesionado por lo nuevo) y el hoy (el centro, como el centro en el que esta fiesta transcurre, a la vuelta de las Galerías Pacífico). Una fiesta para todos aquellos que sientan que el mundo les debe una fiesta para ellos. 
Hablando de eso, hace mucho no voy, a corear Living on a prayer agitando la cabeza. 

Sitio en Face: https://www.facebook.com/bellepopbsas
Instagram: @bellepopbsas

¿Por qué hay que ver PARTY MONSTER?

¿Qué tienen en común Macaulay Culkin, el asesinato, la droga y la noche neoyorkina de los años 80? Party Monster. Una historia real, basada en la novela Disco Bloodbath sobre el ascenso y caída de una de las figuras de la diversión nocturna en la historia de New York. 


En el año 2003, los realizadores Fenton Bailey y Randy Barbato (Dos simpáticos locos fundadores de World of Wonder Company) reconstruyeron en un film el universo bizarro y borderline de las discotecas ochentosas de NY para contarnos la truculenta (y llena de brillantina) historia de Michael Alig, uno de los RR.PP. más populares de aquel entonces quien, como Culkin dirá en la película, quería crear su propio mundo: uno donde la diversión durara para siempre. Michael viaja desde su lugar natal a "la gran manzana" y conoce a James St. James (quien será el autor y testigo de Disco Bloodbath), otro gran promotor de fiestas quien lo introduce en la dinámica de la vida nocturna. La vida de Michael será un abanico variopinto de brillo, música, psicodelia, estados alterados de consciencia (drogas), un despertar sexual travieso y cachondo, y luego,  el ocaso que toda estrella debe enfrentar si se precia de tal. La película también relata eso, cómo esas vidas brillantes, glamorosas, llenas de fama y de elogios que las rodea, solo arden un momento hasta apagarse, siendo el brillo solo una mentira agradable. Todo termina en asesinato, y lo sabemos desde que la peli arranca. 

¿Por qué ver esta peli? Porque nos recuerda todo lo que somos capaces de hacer por un momento de brillo




Un párrafo aparte merece la interpretación de Culkin, aquel nene rubio y tierno que veíamos cuando éramos chicos burlar a una pareja de ladrones en 
Mi Pobre Angelito. Acá, la transformación nos da quizás algo de impresión: Culkin parece trabajar durante toda la película la imagen de estar aturdido, con los ojos perdidos, una de esas operaciones efectivas y extra-ficcionales, usando el rostro antes inocente y virginal del niño de la película de Cine Shampoo para hablar del trastorno y el exceso, con pintura, disfraces exagerados y música pop hiper estimulante. Así, la ternura y la alegría del nene incomprendido que queda solo en casa durante Navidad, se convierte en un monstruo, un freak, que empieza siendo sensacional y luego es solo eso: un monstruo. Perdido, sin capacidad de respuestas, pero que no parece querer (o incluso poder) encontrarlas. Solo se suelta en ese laberinto de noche e impulso que es Nueva York. 




La película obtuvo malas críticas en su momento (sí, pero ustedes deberán confiar en Lo que el mundo nos debe y verla con esperanza de ser conmocionados, porque sepa, estimada audiencia: la crítica ha cometido enormes asesinatos innecesarios), siendo considerado su exhibición de lujo kitsch y tedioso como algo banal. La película carece de una estructura demasiado sólida, y parece más un collage de impresiones y color. Pero si no careciera de ese órden, de esa organicidad, no resaltaría tanto su poderoso artificio. Que una película tenga problemas de contenido muchas veces es contenido. Si bien la película fue un fracaso, Robert Ebert, un crítico del Chicago Sun-Times coincidió conmigo (o yo coincidí con él) dándole cuatro de cinco estrellas y elogiando la interpretación de Culkin, llamándola “falta de miedo”, y alegando que la película si bien carece de visión, nos hace sentir tristes y vacíos, no por el protagonista, si no por nosotros mismos, y que “...Tal vez, así tenía que ser.”


Party Monster pretende mirar más allá de cierta ansia de lujo y frivolidad, entender vacíos personales y la búsqueda de satisfacer emociones igualmente vacías. Quizá muchos de los que vean esta obra (sobre todo los jóvenes) envidiarán por un momento a sus protagonistas. Las drogas, esos disfraces llamativos con los que estos dos enfant terribles caminan libremente por las calles hacia las fiestas donde son reyes de la noche, provocan, aunque a la vez generen aversión. Existe una sensación sedosa en querer traspasar los límites razonables, y el filme lo explota todo el tiempo. Nos hace cómplices del fárrago de sus personajes. 

Las estrellas, ni piensan, ni se miden, ni cuestionan: brillan, y las amamos por eso. Las estrellas, una bola de gas que arde a millones de kilómetros de nosotros, nos encandila con su brillo e invita a admirarla en el cielo nocturno y bailar a su ritmo. Hasta que se apague, por consumirse a sí misma. Son esas existencias exaltadas, eyectadas hacia a algún lugar, cayendo hacia delante, a donde sea, y que carecen de fondo o base, las que dan envidia. Porque tener base, tener fondo, es tener entonces límites. Eso gusta, es necesario, pero al mismo tiempo, un enorme bajón.

La Perlita 1: Es imperdible la aparición de Marilyn Manson haciendo de una drag queen totalmente pasada de rosca.



La Perlita 2: James St. James es interpretado por Seth Green, el hombre-lobo de Buffy, la Cazavampiros.



Sentirán un horror incómodo, el filme oscila entre la apología del desenfreno y una bajada de línea moralista en el acto de exhibir el oscuro final de Alig, pero antes de eso reirán, sonreirán, y se divertirán al son de la dinámica bolichera junto a aquellos fenómenos travestidos e ilimitados. Cuanto más desmesurado es alguien, más patética es la caída en donde lo pierde todo. Todo, menos el brillo. 

Para mayor información sobre estos dos locos que han reventado tanto en el celuloide como en la vida real, no se pierdan Party Monster: The Shockumentary.

¿Por qué las bibliotecas siguen teniendo sentido?

Aún me lo debo.

Dedicado al día en que mude
mi biblioteca entera, de la casa de mis padres,
a mi casa. 

Mucho se ha hablado en el último tiempo sobre si el libro digital matará o no al papel, o si el papel está tan afianzado en el público que le ganará al digital en la nano-pugna por el poder. Cuando hacía el curso anual de edición en la Gutenberg, está fue una de las grandes polémicas de varias clases. Me complace concluir que en el futuro al menos cercano, el kindle y el libro convivirán en alegre armonía. Parece que "nadie acabará con los libros" como decía Eco. 
¿Razones? Hay varias. Un libro puede ser valioso no como códice para vehiculizar información y contenido, sino como objeto: libros fotográficos, coffe-table books , libros con un gran contenido visual, una encuadernación con mucho diseño (piensen en libros para más chicos), publicaciones de maqueta compleja como esos libros que recorren en papel satinado y con muchas fotos y colores la historia de algún cuadro de fútbol, etc. Los libros pueden tocarse, hay una sensualidad en acariciar una página escrita que no será reemplazada por la pantalla opaca del kindle, evidentemente. Pero hay otras razones, que me impulsaron a escribir y compartir este breve comentario: un libro digital no se puede "heredar". Al menos no del mismo modo. No hablo de que en un artefacto estén compilados doscientos títulos, guardados todos ellos convenientemente y de forma práctica en un articulo tecnológico sin ocupar lugar y seguramente ahorrando mucho dinero; sino de varios objetos, reliquias, volúmenes, que las familias pueden pasarse de mano en mano, que cuenta algo del recorrido que cada uno de sus miembros ha hecho en la vida y en la lectura, que tiene adentro ocultas, flores secas, cartas a algún ex novio, anotaciones manuscritas (si bien está la opción de insertar comentarios en el kindle, no se compara a la propia letra en tinta pinchando y rasgando la piel de los libros, tatuando pensamientos permanentes que luego otro podrá descubrir como a una civilización perdida más adelante). Los libros en papel son testimonios de época, los archivos son siempre nuevos por lo menos en la mayoría de sus aspectos. Los libros de papel contiene cosas que nos hablan de su contexto de producción, y eso es historia y es estética: si son cocidos o pegados, qué tipo de papel tienen, si son tapa dura o no, si son de bolsillo o no, etc. Si el papel es de un gramaje con glamoroso espesor, o un papel fotográfico, esmaltado y resbaloso, de los comics y libros visuales. Los libros pueden delatarte, ahí, ensimismados, esperando arrojar algún dato sobre vos a tus invitados, expuestos y a la vista, algún gusto o placer culposo, algún best seller romántico y muy rosa o un libro de autoayuda que empiece con "Descúbrete" o "Ilumínate". Los libros de papel ocupan un lugar, un volumen, una contundencia que el conveniente archivo o pdf no puede acariciar ni asir. Los libros de papel tienen peso, y pesan. Desafían la gravedad, el espacio, el lugar. Ocupan.
Estos que ven abajo son solo algunos de mis tesoros heredados, alguno de ellos no me explico qué hacían en mi casa (Qué hace una novela malísima y genial como Coleccionista de Hombres en una casa donde nadie consumía esa literatura, ¿quién la puso ahí?) Caprichoso inventario es la biblioteca privada de una casa o una persona. Cuando entro a la casa de alguien lo primero que miro es si tiene libros y cuáles tiene. Las colecciones de la gente hablan de la gente. Son, como dice Calvino, esas cosas que rescatamos del vértigo de todos los días y las apartamos para que no se pierdan. Me da la impresión de que los archivos, en la medida en la que se guarden, nunca están en el mismo riesgo de ser extraviados, y siempre son más fáciles de reproducir; pero los libros de papel tienen algo de fatal.
Por eso no pueden morir. Los libros de papel se parecen a los vicios: son una carga pesada, maravillosamente adictiva, y a menos que digamos "basta" nos siguen a todas partes. Igual que las cuestiones de salud, algunas hasta se heredan. 
Pero no es heredar sobre lo que se basa esta cualidad del libro como "cosa". Es que el libro de papel habilita algo que el digital dificilmente pueda. El libro como cosa circula, pulula, lo conozcamos o no, se pasa de mano en mano, se pone en cajones y va a parar a lugares insospechados, con su cubierta, su polvo, sus letras, y entre todas las demás cosas, podemos un día encontrarlo y si tenemos la suficiente curiosidad abrirlo, para que nos guste, o para que no. Cuando queremos un libro en kindle, los buscamos, hacemos click, y ese libro lo tenemos almacenado en nuestro chiche. En una librería, en una biblioteca heredada, cuando un amigo te regala un libro, puede llegar a ocurrir algo: puede ocurrir un accidente, toparse con algo, que no iba a ser elegido, que no estaba planeado, y que sorprende como un botón nunca lo hará. Los archivos en un kindle son obedientes, los libros palpables se permiten, cada tanto, la posibilidad de escabullirse.
Colección Historia de la Argentina de Diario Crónica. Son fácil 80 fascículos. 
De mi hermano, Socorro, de la inmortal Elsa Borneman.


Cuando sepa de que van les cuento...

¿Se acuerdan de Bonanza? Volvió, en forma de novelas. 

Hitchock tiene novelas de misterio para adolescentes. 

No los leí en mi vida, solo conozco el autor de el del medio y al tercero encuadernado que es La vida es sueño de Calderón.
Editorial Losada. 


Pulp Fiction: novelitas de acción, aventura y sexo sin sentido.




Cuatro librotes finitos con dos cuentos clásicos cada uno. Los cuatro venían en su estuche y mi mamá me los leía para hacerme dormir. 


Opinar


¿Creyeron que me había ido? Nada de eso. 

Es importante para mí reflexionar sobre la acción de opinar. Quiero aclarar que por supuesto que no es lo mismo opinar sobre algo en lo que la subjetividad y el capricho es legítimo (me gusta o no tal película) como en temas más densos que requieren mayor rigor (la política, la economía, la ciencia, etc.) Sobre todo a esta última categoría me voy a referir. 

Luego de casi dos meses en el que llevo este blog me percaté de algo. Las entradas más vistas de este blog no son narraciones folletinescas como Glorias del desempleo ni reseñas de libros, sino opiniones mías sobre temas diversos como "la escritura" o "el trabajo". Textos de opinión. ¿Será que lo que digo sobre algo se tiene en cuenta? 
Al principio me pareció raro pero después se lo atribuí a que: o mis opiniones son interesantes o se debe al extraño, seductor y siniestro amor hacia el "pa mi qué" de las personas, el cual es, aunque no me gusta el término "un síntoma de época". A la gente le gusta opinar. Opinar bien, opinar mal, opinar. 
No es que ansíe épocas oscuras en las que los privilegios dotaban de voz a unos por sobre otros, nada de eso. Vivimos en ese sentido una era maravillosa, en la que buena parte del planeta está alfabetizado, cada día más gente lee según estadísticas (sobretodo el público infantil-juvenil, incluso más que la tercera edad que cada día lee menos). Las redes sociales y las plataformas on line (a las pruebas me remito) logran que cada vez más y de forma más fácil la gente exprese su opinión, 
Lo bueno es que hoy todos pueden hablar. Lo malo es que hoy todos pueden hablar. 
Decimos todos y la sensación que nos calienta el pecho es de un loable espíritu inclusivo, lleno de consideración por los espacios brindados a nuevas voces para que los ciudadanos, los individuos, expresen lo que piensan, y defendemos eso como un derecho y una libertad civil inalienable. Lo es, pero no es precisamente ese paraíso que tenemos en mente. No es un paraíso. No hay un paraíso, y comparar cualquier cosa con el paraíso es una trampa. Ese todos en realidad quiere decir cualquiera
Elitismo es una de esas palabras que tiene tanta mala prensa que la gente ni siquiera se la permite analizar, porque ha elegido seguir la opinión bobalicona y disque-progresista de quien tacha esa palabra de opresora, en lugar de intentar reflexionar. 
El diccionario define élite como un grupo selecto y minoritario de gente que se considera la más capacitada para una tarea. Ha habido élites políticas despóticas, o élites sociales cuyo conservadurismo no les ha permitido ver la realidad sin prejuicios, pero no se puede afirmas que el elitismo sea malo en si mismo si por elitismo queremos decir "capacidad". 
Ya no podemos volver (ni debemos) a la época del absolutismo monárquico, cuando los únicos que opinaban eran algunos universitarios, hombres (la mujer estaba más complicada), ilustrados, con ideas liberales sobre libertades civiles y reducción de los poderes de los monarcas, siempre amenazados por la guillotina o el escarnio público. Hoy hay muchas menos amenazas en muchos menos países, y ni siquiera la dictadura perfecta puede evitar que se filtre información. Información hay por todos lados, lo que falta es "formación". Ya no hay represión, pero tampoco hay élites, minorías (si, que suena muy poco democrático) capacitadas por lo racional de sus argumentos y su bagaje para no solo opinar, sino que su opinión sea tenida en cuenta. 
Sea el canal que sea hoy vemos famosos opinando sobre los temas más diversos, casi "puestos" a opinar sobre temas delicados y controversiales, cayendo en la falacia de que si son famosos su opinión debe ser considerada especialmente, o como si existiera la máxima de que si actúan bien en el cine o en el teatro también tienen que opinar con inteligencia. Un poco parecido al acto snob y cruel donde la gente se regodea pidiéndole opinión sobre literatura a una modelo famosa, una chica que independientemente de sus muchas o pocas luces oficia de linda y no de inteligente y por lo tanto burlarse de su incultura o desconocimiento supone un acto de soberbia (no así cuando es la figura en cuestión quien se lanza desembozadamente a opinar sobre algo sin saber, en cuyo caso creo legítimo arremeter contra la misma). 
Todos hablan, y me parece llamativo que en tiempos de censura y persecución fue lo que dijeron unos pocos intelectuales perseguidos lo que hizo avanzar al mundo a épocas de mayor bienestar. No hubo muchos Galileos y tampoco los hay ahora. Hoy hay más libertad que nunca para hablar, y lo que oigo en general son idioteces, y no tiene que ver con opiniones con las que pueda o no estar de acuerdo, sino con argumentos falaces, que apelan a "lo dice todo el mundo", "en todos los países es así", "cuando pasó esto pasó esto otro por lo tanto lo primero causa lo segundo", etc. Eso demuestra el fracaso de la educación escolarizada, que ha creado habladores pero no intelectuales; no personas críticas sino ovejas que siguen la opinión de alguien más porque suena mejor; que no pueden pensar más allá de un programa de saberes estipulados fijado por un Ministerio. En las escuelas, públicas y privadas, no se enseña a pensar, se enseña a repetir, a seguir el apunte, a seguir el manual, a citar una "fuente especializada" como si fuera un talismán que nos protege del ridículo. 
De todas formas, seamos justos con el común de la gente. Hay una razón para esto: no toda la gente quiere pensar tanto y esto no quiere decir que sean idiotas. Es una cuestión de economía del tiempo: como no pueden pensar mucho o no quieren, siguen la opinión de personas que parecen más inteligentes opinando o cuyas opiniones son seguidas por la mayoría, para ahorrar esfuerzo y energía. Pero esto no justifica lo cretino de la acción. 
Se produce la paradoja de que épocas peores del mundo han dado a luz a individuos fascinantes de un conocimiento y razonamiento únicos, y en aras de que todos podamos acceder a esos conocimientos hemos logrado generaciones y generaciones de individuos que tienen que verse obligadas a pensar todos lo mismo, en vez de todos "más y mejor". Fomentar el ansia de conocimiento para opinar en todos los individuos del planeta ha sido un fracaso. Porque opinar es un derecho, pero no siempre que tenemos un derecho es bueno usarlo. ¿Será que cuando opinar traía consecuencias más severas, es decir, más costosas, la gente se cuidaba mucho más a la hora de esbozar una opinión en público porque asumía riesgos mayores? ¿Es nuestra vida fácil y nuestra lengua mega-habilitada para todo la responsable de nuestro vacío mental e irresponsabilidad intelectual?
Hace tiempo yo reventaba de ira cuando escuchaba un estupidez en reuniones o incluso entre mis seres queridos. Intentaba repartir argumentos como quien reparte cachetazos, y solo conseguía desgastarme tratando con el pensamiento fácil que hoy es el pensamiento único. El pensamiento fácil es encantador porque esta recubierto de palabras en voz alta, de tonos shakespeareanos y consignas que llenan plazas pero no neuronas, y consolidan la aplicación del sistema de rating a la hora de visar o no una premisa. Un día me cansé y decidí resguardarme. Me volví bastante más humilde y reflexivo, y concluí que en esta época hay tanto ruido que necesitamos del silencio para leer y pensar. "No tengo una opinión formada, debería investigar y pensar un poco más" se convirtió en una frase querida para mí, porque es un acto de individualidad, no de cobardía. Es anteponer a la polémica no la opinión, la necesidad de pensar, más allá de una pancarta, más allá del "derecho a hablar" por sobre todas las cosas. Llegué a comprender además que yo también estaba contaminado por ese modus operandi. Es importante defender ideas, pero como diría el escritor y periodista José Benegas, discutir es un acto de confianza y es ponerte en pie de igualdad con otro. Si sentís que esto no es así, si no confiás en la persona con la que discutís o te sentís más inteligente (con razón o no) no pierdas tiempo. En el peor de los casos constituye un acto de pedantería y en el mejor de un acto de masoquismo seguir con esa conversación. Nadie puede arrastrarte a opinar, como no hay poder que pueda obligarnos a testificar contra nosotros de forma legítima. 
Aprovechemos la inmensa capacidad de informarse que hay hoy gracias a la tecnología, y procedamos como si las palabras estuvieran tarifadas. En vísperas de una fecha patria, como dijera un prócer, hablemos cuando lo que estemos por decir sea mejor que el silencio. Con la misma libertad de la que gozamos ahora para publicar, me gustaría cierto elitismo en la medida de que los referentes para opinar sean menos y mejores. 
Alerta: la negación de esto que digo es otra falacia muy en boga, que es creer que como lo dijo fulanito, que pertenece a la élite, debe ser verdad (La "falacia de autoridad"). No, no, no se crean que lo pongo en términos tan fáciles. La pelotudez exige la eterna vigilia, incluso si eso implica estar alerta de quienes creemos que son capaces. No señores, ni opinar a los gritos ni lealtad eterna a quien opine con excelentes modos y una enorme biblioteca. No planteo renunciar a la posibilidad que todos opinen como no sostengo la lealtad absoluta a  lo que dice un supuesto bienpensante. Yo planteo la no lealtad. 
Pero a mí no me sigan la corriente. Esta es solo una opinión... O no.






GLORIAS DEL DESEMPLEO (Parte III: Cosas que no escucharíamos si estuviéramos trabajando)

Así fue como con la morocha comenzaste a disfrutar estar solos, juntos, absolutamente desempleados, inútiles, inservibles; sin la necesidad de aprender rápidamente y con maestría milimétrica ninguna cosa y así pudiste comprobar que el ocio y el amor van de la mano, aunque estemos hablando de ese momento en el que no hacemos nada más que mirar a una compañera de laburo en el laburo, aunque estemos manejando en la ruta y en un semáforo en rojo nos percatemos de que está buena la del auto contiguo, aunque estemos haciendo algo puntual, los minutos, milésimas de amor, son consagradas a esa hoguera maquiavélica y excitante de la haraganería. 
Sabrína la morocha, tu morocha, te cuenta que es de Bahia Blanca, que vino con su familia para Buenos Aires de muy chiquita y que el padre se puso un almacén y la madre cosió para afuera hasta que se cansó y empezó a ayudar al padre en el negocio que ella, por supuesto, no quiso seguir para evitar la alienación familiar. Estudio Arte Dramático, es decir que obtuvo un flamante título que no le facilitó nada y con el que no consiguió nada, y aunque era una actriz frustrada no quería volver a actuar. 
Al despertarse, bosteza con sonido como la parodia de una cantante lírica y estira todo su cuerpo delgado como un gatito (que dicho sea de paso, ella esta alimentando todos los días que se queda en tu casa comprándole atún). 

Seguís sin contarle a nadie que te echaron solo a Juani, a quien además le contás que te estás gastando tu último dinero en este nuevo estilo de vida de no esforzarse por conseguir trabajo. 
_ Boludo, pará, te van a tapar las deudas. La tarjeta, las expensas, el ABL. Boludo, va a llegar un momento en el que no vas a tener ni para comer...
_ Yo se eso _ le contestás _ pero no me importa. No sé cómo explicarte. No me da más miedo que me pueda pasar lo peor que me pueda pasar: siento que mordí la manzana de el ocio y ahora veo claro todo. Juani, venimos a este mundo tan poco tiempo para laburar tanto... No digo que esté mal, pero, ¿puedo elegir otra cosa?
_ Te vas a perjudicar...
_ Todas las mañanas despierto, a veces con el cuerpo en bolas de esta morocha increíble, a veces solo. Desayuno mate con tostadas viendo la tele, calentito en mi living, con el gato. Hace una semana que no uso la SUBE para ninguna cosa. Garcho que no te puedo explicar, garcho todas las horas que de otra manera tendría que gastar laburándo...
_ Invertir laburándo...
_ Lo que sea. Sabrína boludo, ¡Sabrína! Todas las noches, después de que yo leí y escribí todo el día o vi videos boludos en youtube, ella viene a mi departamento a hacerme companía y se está quedando a dormir conmigo día por medio... ¿Por qué no venís hoy a conocerla, y de paso nos vemos? Te dejo, está viniendo. 

Sabrína te enamora. Comés lo que ella come, te bañas donde ella se baña, cogés donde ella coge: encontraste una compañera para ser inútil. Te cuenta que trabajaba como vendedora en una librería de usados y la echaron cuando una clienta le llamó "burra".
_ ¿Cómo que te echaron por eso? _ le decís, fumando un pucho, tirados en la cama semi en bolas, con su larga cabellera enredándose ensortijadamente en el pelo de tu pecho.
_ La vieja _ dice ella, sonriendo con su boca de maquillaje corrido _ buscaba un libro de Pierre Rosanvalón. 
_ ¿Quién es Pierre Rosanvalón?
_ Yo qué se. La cuestión es que lo pongo en el buscador como "Rosamvalón". Y la vieja, porque no hay nada más despótico y tirano que las viejas de mierda con setenta años y toda una vida de ser doncellas en un castillo que no existe, me dice con voz gritona "¿Qué les enseñan en las escuelas? Querida, vos sos burra? Después de "n" va "v" y después de "m" va "b". ¿Hay que explicártelo? Yo fui docente cincuenta años, y me doy cuenta que ahora no saben nada". La miro a la señora, que era la cliente número 8.000.000 que me tenía la concha echa una percha de plástico de lo endeble que estaba, y le digo "Si, es correcto lo que usted dice. Pero es arregla ortográfica se invalida en los nombres propios, que pueden tener "mb" o "nv" vieja hija de una ballena llena de Pinocho y putas". Se ofendió. Empezó a gritar, a  decir que era una grosera, y yo ya estaba harta. No hay nada peor que vender. 
_ Tú lo has dicho _ decís, secándote las lágrimas después de reírte a carcajadas por lo graciosa que es Sabrina, la morocha. 
_ No me malentiendas eh, no es de zurdita toma-colegios. Lo contrario a vender son los garrotes. 
_ Tu lo has dicho _ repetís, porque es brillante y tan alejada de las minas-cliché con babuchas, paños en la cabeza, anillos de coco, y esas ropas baratas de ferias americanas.
_ Pero admitamos esto: tener que convencer es una mierda. Yo a veces pienso que es nuestra herencia cavernícola. Somos del garrote, nos tiembla la mano siempre porque tenemos ganas de usarlo. Nos rompe los huevos tener que estar convenciendo, argumentando, razonando. Es lo correcto, pero es agotador. Cuánto más gratificante es darle un revés con la mano a una de estas viejas de mierda. Venimos de eras complicadas, y eso no se quita con un poco de civilización. Y yo soy así: no me aguanto mucho tiempo que pase algo que no me gusta que pase. 
_ Este país tiene eso; no razonamos ni argumentamos porque ya volvimos a los cavernícolas. 
Luego de la disertación el polvo numero tres. Después, enjabonarle las tetas, la cintura, la espalda chiquitita, es un placer solo superado por las papas fritas caseras que preparas mientras ella te mira, para comer con ella como un aperitivo, mientras suena la banda sonora de Ultimo tango en París, de Gato Barbieri. 
Ya quedan dos mil pesos menos que con los que te fuiste de tu laburo. $ 18.000. Comida, postres, forros, lubricante, jabón para lavarle las tetas a tu chica, nada de lujos. Pero se acaba, y cuando eso pase, ¿qué va a pasar?
_ Hace días que nos vemos, vemos tele, cogemos un montón, comemos como chanchos, y la plata se va. Y no pienso buscar trabajo, obvio pero... ¿qué hacemos cuando se acabe?
_ No sé... _ dice Sabrína, fumando en el balcón, mientras el gato le lame los pies _ No lo sé...
_ ¿Tenés miedo?
Y de nuevo el grito se oyó...
_ Ahora sí. Otra vez ese grito... 
_ Creí que era mi vecino pero no... 
_ ¿Vamos a ver? A ver, vamos... _ dice ella, decidida, como toda una Agatha Christie que se ha pagado una extraordinaria intervención quirúrgica. 


Salís al pasillo, son las 15:30 hs. Dentro de poco todos los empleados comenzarán a volver a sus casas.
Es al fondo, sin dudas. Es el D. 
_ Sabri, no vayamos.
_ ¿Por qué no? Mirá si alguien necesita ayuda...
En el futuro, te vas a preguntar cómo pasó. Cómo pasó que abandonaste la vagancia y estar tirado, que es lo único que importa en esta tierra, por ir a ver lo que le pasa alguien desinteresadamente, solo porque gritó, solo porque hizo ruido, solo porque tiene las terminaciones nerviosas suficientes como para sentir emociones, sensaciones, problemas, angustias, trabajar, envejecer. Querés seguir, rascándote las pelotas, llenando tu boca de azúcar y grasa y tu panza de harinas, sobretodo ahora que encontraste a una persona hermosa a la que no solo no le importa si no que lo comparte con vos, y sin embargo, a pesar de que la hacés quedar a tu chica como a una heroína empedernida que se hace la Bati Chica y te arrastra con ella, vos también sentís esa pulsión moral, la misma que sentías cuando estabas tirado y llegaba tu ex a recriminarte por que no habías lavado los platos, la misma que sentís cuando estás tirado y alguien te llama "vago", te dice "trabajá, bueno para nada"; se lo pasa uno muy bien siendo un inútil, un mueble más de tu departamento, pero esa voz, esa voz que nos dice que en algún punto lo correcto, la vara, es trabajar y tener intereses éticos por el puto prójimo, esa hidra amorfa que nadie conoce, ni vio jamás, ni le dirigió la palabra. 
_ Hola _ dice Sabrína, después de golpear con su pequeño puñito la puerta. 
_ Sabri, vámonos _ decís _ No me gusta esto, ¿qué hacemos metiéndonos?
_ ¡Shhh! ¿Qué preferís? ¿Estar en el trabajo? Si no estuviéramos desempleados nunca la habríamos escuchado. 
_ "¿La"?
_ Para mí es una mujer. Holaaaa...
_ No, preferiría no estar en el trabajo, ni estar acá, preferiría estar en mi sillón. 
Sabrína te mira. Esa mocosita que hace una semana que comparte con vos los placeres mundanos de gastar el dinero de forma tosca y de comer y coger te mira inquisidora, como te miraría tu mamá y tu papá, gente que trabajó toda su vida, si supieran que te echaron. Pensabas que nunca más nadie te iba a ver así, pero esta chica no es muy distinta al resto de la gente. Por un instante te sentís estafado, y ya no te sentís en ese Nirvana de paja que te armaste al costado de la ruta por la que pasan los que tienen trabajo. 
_ No estamos levantando vigas en una obra. Estamos viendo si le pasa algo a esta chica. 
El picaporte temblequea y la puerta se mueve.
Tras de la puerta, primero de espaldas, exhibiendo unas muñecas cruzadas atadas con una soga, y luego de frente, mostrando una nariz rarísima, una cara flaca y de pómulos marcados y unos ojos cono de vaca, ella: tu peor pesadilla. 
Esa noche, cenaste con ella y tu chica en tu casa, y para esa cena de tres gastaste $ 400 pesos en el guiso de lentejas más rico que habían comido en mucho tiempo. 
Antes de rescatarla de su prisión, medio drogada y con fuerza solo para pegar un par de gritos antes de ser rescatada, después de ser rescatada y durante su rescate, pudiste observar brevemente como era el Departamento D por dentro: es curioso como las cosas que compramos no solo dicen cosas de nosotros, sino que vaticinan nuestro destino de una forma extraña y morbosa: una publicidad antigua como de los 50´s, en francés, con una divertida caricatura de una mujer dientuda recibiendo un puñetazo, una especie de revestimiento echo con barras de acero en una pared blanca, un sillón de cuero enorme a la que algún alma perversa le había agregado apliques metálicos como tachas con forma de corazón, una lámpara echa con botellítas de alcohol agujereadas, pintadas de rojo. 
Esa noche son cuatro a la mesa: Vos, Sabrina, Juani y esta nueva persona: Gloria. 

¿Es el trabajo un valor? Pregúntenle a Robinson Crusoe si no está hinchado las bolas de bajar cocos...

Robinson Crusoe
Que el trabajo es algo bueno, eso lo sigo pensando. La frase reza que "el trabajo dignifica", y todos lo repetimos como loros. Analizándolo más friamente, lo que quiere decir esa frase es que el trabajo representa lo que hemos hecho por conseguir lo que se nos da, que va en connivencia con la definición clásica de justicia: que cada cual obtenga lo que se merece. Hay que hacer cosas por las cosas, intercambiar valor por valor, que es lo opuesto al privilegio. La idea fatal de creer que las personas deben tener cosas simplemente porque sí (idea que, si nos paramos la oreja, todos parecemos creerla una vez al día en algún área X). Implica además, responsabilizarse por lo que uno quiere ("responsable" viene de "responder, que es capaz de dar respuesta") y está ligado con la madurez o la adultez. 
"Al trabajo se va a trabajar, no a quejarse" es algo que suelo pensar, un poco pensando en lo que tuvieron que arriesgar y trabajar nuestros antepasados cuando llegaron a estos lugares a convertirse en argentinos. Como no se puede tener nada sin ganárselo, eso saca las mejores virtudes de cada uno: nos otorga especialización (know how) en algo, desarrolla nuestros conocimientos, habilidades e incluso vocaciones, nos vuelve pacientes, y entendemos que debemos ser amables, persuasivos y perseverantes sin queremos destacarnos, que los demás nos registren, y quieran trabajar con nosotros. Todas estas son virtudes que el trabajo enseña, y si tenemos suerte y tenacidad, seguramente lograremos quizás no todo lo que queramos, pero mucho más que "nada". 
Lo que ya no sigo pensando es que trabajar sea un valor. Al menos no en sí mismo. Es algo a reducir, e incluso a evitar, y la historia de la humanidad lo demuestra. 
Estando perdido en una isla desierta, Robinson Crusoe debe demorar muchísimo en encontrar un árbol de cocos, hallar una piedra, afilarla, crear una lanza, alcanzar el coco con la lanza, bajarlo, comérselo, y repetir. Solo y en una isla desierta, sin recursos y en lo que podríamos llamar una extrema pobreza, para Robinson todo es carísimo y requiere de un enorme trabajo. Pero ahí el valor que está en juego es la búsqueda de la supervivencia, no el trabajo. Si Robinson pudiera, no estaría solo, compraría la lanza ya echa, o incluso el coco ya bajado en un mercado, e incluso no tendría que estar buscando el coco. Si Robinson pudiera, no trabajaría tanto. 
Nosotros en la actualidad tenemos muchos más trabajos posibles para elegir que un individuo del siglo XII, y la tecnología ha logrado abaratar costos, reducir gastos, agilizar los procesos productos y en suma, reducir muchísimo el trabajo de todos, brindándonos toda clase de cosas echas por otros y a precios comparativamente mas bajos que si las intentáramos hacer cada uno de nosotros. La creatividad, incluso, jugó un papel importante en ese sentido, y evolutivamente vemos todo el tiempo que el hombre descubre maneras mas eficientes de hacer las cosas y reemplaza por esas maneras las maneras viejas, con la esperanza de que tener más tiempo para otras cosas. Hace un tiempo, un joven intentó crear un sandwich. Si. Crear un sandwich desde cero. Criar los animales, matarlos, cultivar la lechuga, hornear el pan. El sandwich costó un enorme trabajo y salió más de $ 1.000.
Pero incluso después de todas estas consideraciones, "trabajar" entendido como buscar un empleo y ejecutarlo, es técnicamente y aplicando la terminología latina clásica, una poronga. Tenemos cada vez más trabajos posibles, sin embargo sigue habiendo la misma cantidad de gente frustrada.
Hay algo muy penoso pero muy cierto, que es que no siempre lo que uno tiene ganas de hacer es valorado por los demás. Para poder obtener cierta riqueza uno debe generar algo de valor, es decir, algo apreciable que las demás personas estén dispuestas a pagar, a intercambiar su dinero por algo que valoran más que su dinero. Pero cuando lo que uno quiere no es necesariamente lo que los demás quieren, uno estudia una carrera dolorosamente difícil durante cuatro años como mínimo, se pone a intentarla con un moderado éxito o leve fracaso, y tampoco tiene muchas más posibilidades de hacer nada más.
A veces nos pasa que soñamos con destinos glamorosos y relajados: trabajar filmando en Playboy, armando fiestas salvajes para alcoholizar gente, y si tenemos suerte podemos ser youtubers, bloggers, instagramers, y otras yerbas. Alguna gente logra laburos divertidos y cómodos. Alguna gente consigue que la adultez no aplaste sus delirios y locuras, y consigue trabajar de lo que ama, "para nunca más tener que trabajar en la vida", como dice el dicho. O icnluso consiguen un laburo que les da dinero sin trabajar demasiado, les guste o no. 
Es un tema de largo análisis si se quiere, qué pasa cuando una situación es tremendamente incómoda, suponemos que llevará buena parte del tiempo de nuestras vidas (8 horas cada día, durante 5 días a la semana, durante 50 años...) es la que nos permite ser "valuados" y obtener cosas a cambio. A veces no trabajamos ni un solo minuto de cada día en estar más cerca de la locura que uno soñó cuando era un niño, sea cual sea, porque la locura se ahoga en un océano de responsabilidades con otros. Es la que toca, y es de adultos aceptarlo. 
Admiro a quienes aman lo que hacen, y a quienes hacen lo que aman. Y me compadezco de los que no aman lo que tienen que hacer. También hay una cuarta raza: cuando lo que uno ama termina siendo odiado porque no te entrega nada, ni siquiera sentimentalmente, si bien es lo que "uno quería" uno quiere aun más "vivir cómodo" y no sufriendo por lograr su sueño. 
Buscar cocos te deja los cocos...
Supervivencia es una cosa. Felicidad... quizás un equilibrio entre hacer lo que uno quiere, querer lo que uno hace y desear lo que uno pueda pensar que querrá aunque pueda pasar que nadie lo quiera. 
Vivir con otros es una paja. No siempre van a darte oportunidades que sean redondas. Es más, no siempre habrá oportunidades. 
Nos queda el consuelo de que, a diferencia de Robinson Crusoe, nuestra vida es menos sacrificada comparativamente, y mientras intentamos obtener un lugar que nos cope en el mundo podemos seguir buscando como hacer nuestra fiesta de Playboy y que la gente nos pague por estar en el jacuzzi con nosotros. Si viviéramos como Robinson, no nos alcanzarían las horas del día y la noche para hacer todo lo que tenemos que hacer, y tampoco habría tiempo para soñar ni planear nuestros delirios.
Un párrafo aparte merece esa gente que deja "la vida" en el trabajo. Y parece exigirte, misteriosamente, que dejes tu vida también, en vez de que simplemente "lo hagas bien". ¿Cómo juega el trabajo ahí, en ese paroxismo al cual llega la vida pública de la gente, con su ocio y su privacidad cada vez más pequeño y más mezclado con lo demás, como si fueran "seres-loft", sin paredes, donde todo se ha vuelto una misma cosa. 
Hablamos de no poder cumplir metas por trabajar, ¿qué era eso que quisimos cumplir alguna vez? ¿En qué momento fuimos viviendo día a día sin sumar nada para lograrlo porque hay que trabajar para otros? ¿Y qué es la vida sin trabajar para uno? ¿Acaso trabajar para uno se volvió muy costoso, y entonces no asumimos los costos?
Siempre buscamos hacer algo que sea valioso para los demás, y eso hasta no tiene que ver con el trabajo o la economía: con algo "social", llamémosle. El problema es cuando es valioso para los otros y nada valioso para uno; uno sobrevive, y hasta puede que bien, pero, ¿vive?
Recuerdo lo que Dios le dice a Adán al echarlo del Edén: ganarás el pan con el sudor de tu frente. Adán debe haber sido un inútil, inservible, ignorante, y ordinario nene malcriado, porque nunca se había visto en situación de generar nada que le importe a nadie, ni siquiera que le importe a él, porque todo estaba servido en el Edén y si no hay problemas, tampoco se desarrolla nada bueno en uno. El trabajo enseña a ser todo lo contrario a como era Adán, aunque no siempre nos brinde la felicidad. Consolémonos en eso, y sigamos participando, aunque queramos volver eternamente al Edén, a comer, tomar, y enfiestarnos entre los arbustos con Eva (o con Adán). Después de todo, nos pasó lo que nos pasó por querer comer el fruto del conocimiento, y el que crea que conocer es gratis, que se entere de una vez: lleva trabajo. Nada, pensamientos sueltos sobre esta actividad que nos ocupa tanto la vida, y ya dejo de pensar que cuesta trabajo, y es sábado.
¡Pásenlo bomba!
No necesitan presentación los muy concha de su madre

GLORIAS DEL DESEMPLEO (Parte 2: Sabrina, la vecina; y un grito)

Despertás. No... hoy no vas a ningún lado. 
No hay que ir a ningún lado. 
Ni siquiera tuviste la voluntad de arrastrarte hasta tu cama, te dormiste como un lirón, con el gato encima tratando de sacarte las pocas preocupaciones que te quedan con un ronroneo constante. Pocas, si. pocas. Tirás la pata al suelo y se cae como un ancla, pesada, como una media res. Todavía estás lleno de una madeja de lagañas, prendés la tele y la palabra "inflación" te supera y apagás. "Clik". Desenchufas la tele.
Quizás estos días sin empleo te los pases sin mirar absolutamente nada. De paso ahorrás energía, siguiendo los sabios consejos que dan los políticos.
En la computadora todo sigue siendo confuso, con ventanas inútiles buscando laburo por vos. 
En el cajón hay más o menos veinte lucas, que es todo lo que tenés.
Sacás $ 300 pesos, no lo pensás mucho. Vas escaleras abajo a comprar para hacerte una torta riquísima para vos solo, a pesar de que no acostumbrás hacer estas cosas, y tampoco acostumbrás no tener trabajo. Siempre pensaste que un hombre que no trabaja se muere, porque con todo ese tiempo libre, ¿qué hacés? descubrir en el vacío y el aburrimiento el hastío de vivir, el esfuerzo que conlleva continuar vivo. Resulta que nos han mentido toda la vida. (Ya son $ 20.000 - $ 300)
Ponés jazz. ¡Jazz! No das más de lo caricaturesco, pero te chupa un huevo. Huevos. Con veinte cucharaditas de leche, el polvo que viene en la cajita, batir, echar en una fuente y al horno. Te vas a dar la panzada de tu vida. ¿Cuántas tortas te hubieras comido en un año si no estuvieras trabajando? Cada día de la semana tiene 8 horas de trabajo menos los findes, 40 horas de trabajo. Más la hora de ida y la hora de vuelta. Una torta lleva una hora en el horno, promedio. Mmm... bueno, haber podrías haber hecho 40 tortas ponele. Con diez ya podríamos decir que hubiéramos sido unos gordos felices. 
Papeles, como los de la oficina, rasgan la puerta, y te acercás para ver quién te está acechando. ¿Acaso los formularios, las planillas, las órdenes de la oficina, han venido a quitarte tu tesoro de veinte lucas? Muy parecido: son las expensas. 4 lucas. Las tomás con la mano mojada, la que lavaste en la bacha, y las hojas se embeben y humedecen, con sus números rojos y sus líneas punteadas. Ahí, antiguamente prolijas, mostrándote lo que vienen a quitarte. Las tirás en el mueble del recibidor, el que tiene el espejo, y el hombre que está en el espejo es un hombre feliz. No porque no tenga trabajo: porque decidió que no le importa. 
¡Paf! Una ponchada de crema, y con el tenedor la vas martirizando, la vas desgranando y metiéndote sus organos en la boca. Vainilla y crema, mezclada con dulce de leche y tu saliva. Todo es un néctar divino, ahí, en pantuflas, tirado en el rincón donde está tu biblioteca, mirando tus libros tratando de tener alguna explicación de por qué estás contento. En Spotify suena Tony Bennett, y afuera el sol no traspasa las capas de bruma invernal. Te empezás a reír, y aunque te cagás de frío abrís la puerta, que del envió choca con el brazo del sillón y temblequea como un esqueleto.
_ ¡Boludos! _ le gritás, desaforado a los transeúntes. Comiendo tu postre de vainilla, y dulce, y crema, y diabetes. Suena el jazz, baby. Y aun nadie, ni tu familia, ni tus amigos, saben de tu nueva vida. ¿Nueva vida? Curiosamente, no actuás como si tuvieras una nueva vida. Actuás como si te estuvieras por morir. Como si esta vida fuera la única. Y oh sorpresa, resulta que lo es. Y quizás todo lo que quisiste en tu vida fue hundir una cuchara sopera en una tierna masa llena de glucosa y líquidos espesos y cremosos que te embadurnen los labios, con la mente en blanco, no pensar en nada. Pero si esa es la muerte, la dulce muerte, ¿qué pasará cuando se termine la muerte, y nos despertemos a la vida, y por tanto, a la necesidad y la carencia? Que va a pasar cuando las veinte lucas terminen. 
Tocan el timbre. ¿El timbre? 
La flaca es morocha, y tiene una melena larga y lacia, negra como una tumba y ojos miel, almendrados. Cachetitos y muslos, un poco pin-up, y una sonrisa con la que podría hipnotizarte todos los muebles del departamento y llevárselos saltando.
_ ¿Sí?
_ Disculpame que te moleste, hola, me acabo de mudar recién, recién al edificio, y me queda la caja más pesada en el ascensor, no la puedo levantar y ya estoy echa pelota. ¡Me muero de verguenza! Te juro no se a quién pedirle, tuve que hacer esto todo sola. ¿No me podrás dar una mano? Es esta caja no más. 
Se ve como un Bambi, tierno y con algo de verguenza. Abrís, tímido, con la timidez siniestra que tienen los violadores o los curas. Estás enteramente en joggin y ropa de morsa tirada en el sillón, pero ella, que lo registra, parece no darle mucha importancia. 
Claro que la ayudás, te hacés el caballero y todo. Y le decís que cualquier cosa que necesite te avise. 
_ Ah, ¿tu nombre? 
_ Sabrina. Me mudé recién. Fuiste muy amable. 
Y cerrás la puerta. ¿La deseaste? Toda. Pero ella a vos ni te registró como hombre, sino como grua, y no una grua muy llamativa que digamos; de hecho aun no sabe tu nombre porque no lo preguntó. Cuando entrás de nuevo a tu departamento el espejo te muestra un ser con barba crecida, ojeras, el pelo revuelto, envuelto en ropas de entre casa, con un poquito de pancita crecida. "Sabrina". "Shhhh" le tirás al gato, y va un sarpaso de amo para que se aleje de tu torta. En seguida te apiadás y le prometés el atún más caro, Caballa, porque es un gato bueno y compañero. 
El celular está explotado de mensajes. La mayoría de ellos son tus amigos en el grupo, preguntándo si el viernes hacemos algo. De seguro quieren ir a comer una pizza, salir a bailar a algún boliche donde te den intravenosa de reggaetón intenso y centroamericano, o ver en el cine alguna peli mala y pochoclera donde sí o sí haya super heroes. Con un poco de nostalgia, mientras agarrás la llave para ir a comprar la segunda torta, recordás cuando en tu juventud ibas al taller literario de la Biblioteca Municipal, allá en tu barrio, todos los sábados a las tres de la tarde. Querías ser escritor, y leíste como hijo de puta toda tu infancia, mientras tus compañeritos meneaban "para cá y para allá" por las noches de fin de semana. Ahí aprendiste a contar historias, la estructura, los personajes cada uno con su carácter, las atmósferas, las personificaciones y metáforas. Varias veces pensaste en escribir un blog, incluso abriste varios. Por eso estás, por eso estoy, escribiendo ahora. Dicen que cuando los viejos son viejos es como si volvieran a ser niños. De alguna forma, estar sin trabajo me recuerda los sueños a los que me había resignado. Leiste y aprendiste a contar, a redactar, ortografía, a tener buenas ideas, a saber sobre historia, a saber usar las palabras. "El conocimiento es poder", dicen los que joden con que hay que leer libros, mientras la vida adulta muestra que el saber te lo podés meter en el orto varias veces, y trabajar de lo que se valore, no de lo que sepas. Penosa es la alternativa a vivir robando con una navaja por los caminos: pacíficamente intercambiar lo que los demás quieren y podés darles por plata para  comprar libros y soñar con que los ha escrito uno y pensar en el día en que los demás compren lo que sepas y no tengas que saber lo que los demás quieran comprar.
_ ¿Cómo que te quedaste sin laburo? _ te dice Juani, tu amigo ingeniero, alarmado como quien habla de un crimen.
_ Sí, me dijeron que están haciendo recorte del personal y que lo lamentan mucho. Lo cual les creo, pero que se metan las lamentaciones en un estuche de madera muy duro y se lo vayan administrando en tandas para que entre todo adentro del orto.
_ ¿Y qué vas a hacer? Lo siento mucho loco, debés estar echo mierda...
_ ¿La verdad? No.
_ Bueno, bien. Che, quiero darte una mano. ¿Voy a tu casa hoy querés?_ Juani, que es heterosexual, tiene la manía femenina de juntarse, amucharse, y acurrucarse en manada cuando alguien está desvalido, y llorar juntos, como si fuéramos dos osos en una cueva en mitad de una helada. Le decís que se tranquilice, y la verdad, ahora no querés ver a nadie. 
 Vamos a llenar la heladera y comer hasta reventar. ¡Vamos a sentir hasta que nos de la guita que podemos estar tirados, y dejar que todo se nos vaya de las manos! Aprendimos a vivir entendiendo que las cosas pueden estar en nuestras manos. Y entonces por siempre las tuvimos ahí, sujetándolas, en nuestras manos, y nunca se van. Pero de pronto un grito estruendoso...
Salís a la puerta.
No hay nadie en el largo pasillo.
Al lado de la puerta hay otra y al fondo la de Sabrina.
Sabrina abre la puerta y se encuentra con vos, sin querer.
Se sorprende por ver tu cara, tus ojos, tu joggin.
_ ¿Oiste eso?_ atina a decir.
Movés la cabeza queriendo decir que sí, y que hola, que es linda.
_ Lo oi _ decís por fin, mientras del lado de adentro de tu depto el gato te muerde los talones.
_ Oi un ruido y algo se cayó, no se.
_ Sí. No se.
Se oyen pasos en el departamento de tu vecino. El señor Elvio, un despeinado solterón de cincuenta años de edad con el que nunca te llevaste bien.
_ Esto es lo de el señor Elvio, mi vecino. Sabrina _ decís su nombre y no lo podés creer _ escucho pasos en su depto. A ver...  Vamos a tocarle timbre a ver que es...
_ Son las doce del mediodía, ¿Estás enfermo que estás acá en tu casa?
La cachorrita te lo preguntó, y te cayó como el orto. Te volviste frío como el acero, pero por dentro hacés "crunch". Te sentís interpelado, por una que en realidad iba a ser la princesa Disney, o la Femme Fatale, pero nunca la que te juzga y te deschava. Pero es lógico, exceptuando a quienes tengan horario de tarde en los shoppings, la gente en general a esta hora trabaja.
_ ¿Y vos? ¿Vos no trabajás? _ contestás; no solo quedándo en evidencia de que te ofendiste y te sentiste amenazado por la mamita rica, sino que ni siquiera pudiste contestar "Soy un Glorioso Desempleado Argentino" con orgullo. La dulce morocha baja la vista, sonríe incomoda y te mira.
_ Es que tengo día de mudanza.
_ Ah... claro. No, disculpá... Yo... En este momento estoy acá a esta hora. Quedé sin laburo.
_ Ah. Bueno, no sé. Qué raro el grito ese. Toquemoslé la puerta a tu vecino.
Luego del interrogatorio, tocan la puerta de Don Elvio, que no atiende. Se saludan, sabiéndose auditados por el otro, y antes de que la morocha se vaya sintiéndose avergonzada y furiosa con el pelotudo de su vecino, sacás un don juan de tu galera y le decís : "en este momento estoy haciendo una torta y me encantaría ofrecerte un pedazo.".
La morocha se vuelve, y te mira sabiendo que sos un desubicado y que sos simpático, detrás de ese pelo enmarañado, tu joggin, tu cara de desempleado, y la baba que se te cae por ella. Se lo queda pensando, mientras seguís preguntándote qué era ese grito que se oyó, con su vocal tan estirada, su timbre tan cansado, como pidiendo auxilio.  Pero qué importa ahora, si la morocha te acaba de registrar como hombre.
_ No tengo día de mudanza. Me despidieron ayer _ confiesa la morocha. Esto se pone tan interesante como el grito que de pronto sonó en tu edificio de soltero desempleado.
_ No lo puedo creer. A mí también me despidieron ayer.
_ Wow... cómo está la cosa eh. Y yo ya me había pedido la mudanza y planeado la mudanza, todo. Un desastre.
_ Ufff... ¿Y segura que querés compartir una torta con tu vecino a quien recién conocés?
_ Yo podría hacerte la misma pregunta.
_ Si.
_ ¿Es Tony Bennett lo que oigo?
_ Es Tony Bennett.
La morocha, Sabrina, finalmente entra a tu departamento. Nunca te esperaste que te echen un día, ligar al otro día, y que un grito aterrador, como el de una víctima, que se escuchó en tu departamento, te chupe un huevo. Pero el grito era aterrador, no quedaba claro de dónde venía. Y mientras le servís torta a tu vecinita nueva, y ambos hablan sobre estar desempleado, el gato maúlla en la puerta de entrada, sintiendo cosas que un par de personas en pleno levante obviamente no pueden registrar, sobretodo si no son felinos.



Si querés leer la primera parte de "Glorias del Desempleo" andá acá:
https://loqueelmundonosdebe.blogspot.com/2018/06/glorias-del-desempleo-parte-1_5.html


MALEFICA: EL MAL NO NECESITA RAZONES

Afiche de la película
"Maléfica", la película de 2014 que narra la historia "oculta" de la famosa villana de Disney, tendrá su secuela muy pronto, y ya genera grandes expectativas. El film, dirigido por Robert Stroemberg, recaudó 705 millones de dólares y tuvo como flamante protagonista a Angelina Jolie, quien también participará en el mismo rol en esta segunda parte. 
Quiero aclarar antes que nada que vi la película y me pareció buena, entretenida, con pros y contras, pero no me detendré en eso. De lo que quiero hablar es del por qué y para qué se cambian las cosas y qué nos aportan y qué dejan en el camino a la hora de cambiar.
Es evidente que en los últimos años se vienen revisando los cuentos clásicos del universo Disney, como Blancanieves y el cazador (donde lo único que vale la pena es la interpretación de Charlice Theron en la piel de una siniestra Reina) El libro de la selva, Caperucita roja y La bella y la bestia, entre otros, e incluso se habla de un próximo Aladdin con personas humanas. La película que inauguró esta revisión, producida por Dreamworks es mucho mejor que muchas de las que la precedieron en la misma línea y se hizo en clave paródica: Shrek, la historia de un ogro tosco y rústico capaz de todo lo que es capaz un príncipe, y que no tiene un brioso corcel, tiene un burro parlanchín y exasperante. Otra historia que va en el mismo tren es Wicked, el éxito de Broadway que tendrá su versión fílmica en 2019, y que cuenta cómo La Bruja Malvada del Oeste, la villana de El mago de Oz, era en realidad buena.
Un fenómeno curioso recorre las mentes y las producciones cinematográficas en estos tiempos: explicar al malo. Plantear un lado B, en el que entendemos por ejemplo a Maléfica, la siniestra hechicera de la película animada de 1958 que ya es un clásico, y entendemos las razones por las cuales "se volvió mala". Porque atentos: la clave está en partir de esta base, en la que ningún villano es malo de entrada sino que hay "circunstancias" que lo emponzoñan y hacen de una tierna alma un ser sediento de venganza. Se planta el mecanismo mediante el cuál lo primero que le exigimos a la historia es una descripción detallada de los orígenes y causas de todo lo que ocurre, sin importar el tipo de historia que estemos viendo o si es relevante. En el caso de esta revisión, la explicación que se da es la siguiente: Maléfica era un hada buena y virtuosa, que se vuelve un ser malvado cuando el rey Estefano, luego de enamorarla, le arranca sus alas y debilita su poder. Resentida, Maléfica busca vengarse a través de la hija recién nacida del rey, Aurora, sobre la que desata el hechizo famoso : "¡Al cumplir los dieciséis años, antes de que el sol se ponga, se pinchará el dedo con el uzo de una rueca y morirá!". "Ningún malo nace mala", diría la pancarta. De hecho al principio de Wicked se enuncia de forma casi textual: "¿La gente mala nace mala o se vuelve mala?". Se me ocurre que en nuestra mente pensamos que si se vuelve mala, hay mecanismos para salvarla y volverla al sendero del bien, y la misma línea de pensamiento nos arrastra a pensar que si hubo causas concretas que volvieron malo al malo podemos perdonarlo y entender que, "no es que es malo, es que le pasaron cosas feas y por lo tanto podemos eximirlo de su responsabilidad". Perdonarlo. Aunque no creo que Maléfica hubiera tenido ganas de merecer la misericordia de nadie. 
Los cuentos de hadas generan más polémica hoy que nunca antes, no solamente porque un feminismo talibán pretende discutirlos desde las cuestiones de género (que no es absolutamente inválido) y atacarlos (que si lo es), y no solo porque Bruno Bettelheim los freudianiza en El psicoanálisis en los cuentos de hadas, sino porque se les ha aplicado una lente moralizadora para leerlos, una mirada que pienso que está vinculada con la herencia del realismo.
El realismo, corriente estética surgida en el siglo XIX tanto en el teatro como en la novela, fue influenciado por la enorme revolución tecnológica, científica y económica, que propició que la técnica le encontrara explicación y procedimiento a todo. Algunos autores pretendían hacer lo mismo con la ficción,  Es decir: aplicarle a los personajes y a las historias un enfoque cientificista, en el sentido de que si aplicamos los correctos procedimientos analíticos, lógicos y racionales, lograremos entender por qué las cosas son como son y por qué los personajes (y las personas) son como son, porque todo tiene un por qué, cada causa está concatenada con otra, y al ponernos el microscopio en el ojo entenderemos de qué están hechas las cosas. Así es que Naná, el personaje de Emile Zolá, no es como es porque sí, sino porque su vida de pobreza ha formateado su manera de pensar, y el modo en que obra; debido a las carencias que experimentó quiere una vida de lujos y amantes ricos, que consigue y que al final empobrece, y es incapaz de sentir compasión o verdadero amor por nadie. ¿Con qué objetivo? Que el arte presente al mundo "tal cual es". El arte, pensaban los realistas, debía operar como pintura de la sociedad, y dar cuenta de como la sociedad era con el objetivo de transformarla.
Aclaro algo importante: "realista" no quiere decir "verosímil". Dentro del universo de los cuentos de hadas, no es realista que aparezca un dragón, pero es verosímil, porque es es el mundo y el código que los cuentos de hadas manejan. No sería verosímil que aparezcan naves espaciales, eso si.
Cuando digo que la tendencia es a revisar los cuentos de hadas con la lente realista, me refiero a que se exploran cuáles deben ser las motivaciones psicológicas de los personajes, si es que serán reprimidos, neuróticos, narcisistas, si son buenos porque tuvieron una vida fácil o malos porque en el reino les hacían bullying, en vez de pensar que en ese universo esas categorías no tienen razón de ser, y los personajes no están compuestos de un modo psicologista y racionalista, como los personajes del drama realista contemporáneo, que se parecen a nosotros y a la gente que vemos todos los días.
En la versión original del cuento (hay muchas, la más citada siempre es la de Charles Perrault) el personaje de la bruja malvada está bastante desdibujado y su línea de acción ni siquiera tiene una conclusión final en el relato (en la versión de Disney, Maléfica es derrotada por el príncipe Felipe después de un duelo que representa la lucha entre el bien y el mal). El gran acierto de Disney en la versión animada de 1958 fue justamente el personaje de Maléfica. Tomando algunas versiones en las que el antagonista del relato no es una bruja sino una Reina Malvada de un país vecino, Disney creo una Reina Hechicera, hermosa y a la vez siniestra, con apariencia de mujer pero con grandes y puntiagudos cuernos, que vive en un aterrador castillo y tiene su propio ejército de extraños bichos que tranquilamente podrían ser orcos o gnomos. No nos termina de quedar claro si es mujer, dragón, o que hay detrás de su ampuloso ropaje oscuro. La figura física de Maléfica es desdibujada, velada, y a la vez expansiva, prolongada como una sombra. Se aleja de la claridad de la razón y de la ciencia, la mente no llega a encapsular ese cuerpo, es un cuerpo sin conclusión, sin forma, y a la vez, multiforme (Al final, toma la forma del dragón). Maléfica, con su fortaleza y su ejército, es el doble oscuro del poder real "del bien". En un contexto feudal, Estefano es desafiado en su autoridad por una Señora tan fuerte como él, con su propia fortaleza y sus vasallos. El medioevo fue un mundo en el que las líneas y fronteras de los diferentes países no estaban definidos, en donde cada señor feudal peleaba por acaparar algo de territorio y poder, y el más fuerte de ellos era el rey; pero se vivían turbulencias todo el tiempo, conforme las pugnas entre las diferentes familias se sucedían. Esas pugnas eran arregladas o mediante la guerra (se declaraba un vencedor) o las alianzas políticas (matrimonios arreglados, como el que Estefano y el padre de Felipe quieren concretar uniendo a ambos jóvenes príncipes). Maléfica es la fuerza del caos, oscuro e imposible de conocer y dominar, que viene a poner en jaque el órden de los reyes. El reino de Estefano es un reino de colores (la película tiene una bellísima estética inspirada en los grabados y vetraux medievales) donde los hombres y mujeres son claramente humanos, mientras que Maléfica al no poder ser definida como mujer, dragón, o cosa, es inexplicable y por lo tanto indomable. No así la Maléfica de Jolie, que tiene piernas, cuello, tetas, y es "una chica".
En un gesto absolutamente propio del mundo antiguo, Maléfica pareciera considerar que Aurora debe cargar con la culpa de los padres (miasma, culpa hereditaria), ya que ellos no la invitaron al nacimiento de la heredera al trono (lo cual podría ser tomado como un gesto político, ellos desconocen el poder de Maléfica). Luego de pronunciada la maldición, el rey Estefano decreta quemar todas las ruecas en el reino, para que no quede ni una que pueda pinchar el dedo de su hija. Sin embargo, diez y seis años más tarde, Maléfica hace aparecer una rueca frente a Aurora y está se pincha. El mal es imposible de destruir, siempre está al acecho y logra alcanzarnos a pesar de nuestros esfuerzos por contrarrestarlos. Los padres no pueden proteger a sus hijos de todos los males, aunque se esfuercen.
La princesa durmiente queda en lo que podríamos llamar hoy un estado de coma profundo, y es el príncipe Felipe quien trata de llegar a ella para despertarla del sueño con un beso de amor, armado con el "Escudo de la Virtud" y "La espada de la Verdad" que le dan las hadas buenas (todo es alegoría, y estos son los valores sobre los que los humanos han decidido fundar los reinos, valores opuestos a la maldad de la hechicera). En el camino, Maléfica rodea el castillo con una selva de mortales espinas e intenta alcanzar a Felipe con truenos y rayos: la naturaleza indomable, amoral, el peligro que acecha, contra principios y valoraciones morales, generadas a partir de la cultura, de lo humano, de aquello que construyen los humanos.
El duelo final es entre Felipe y Maléfica, quien toma la forma de un peligroso dragón (¿o era su forma original?) y es vencida por la Espada de la Verdad, no sin antes intentar achicharrar al joven príncipe con potentes chorros de fuego (de nuevo, un elemento de la naturaleza indómita) . El príncipe sube las escaleras hasta la torre más alta, besa a la chica, está despierta. Vals. Final feliz.
En el mundo medieval, al que esta ficción alude pues se desarrolla en él, los personajes de ficción no poseían psicología. Es verdad, no poseían porque aun no se había estudiado, pero a lo que quiero llegar es a que son valorados no por parecerse a nosotros, o a nuestros vecinos, o tener motivos para la acción "realistas" o "lógicos". Si no por no parecerse, por ser lejanos, ideales y hasta aspiracionales. Son personajes alegóricos que representan fuerzas, personificaciones de conceptos que no están obligados a parecerse a nuestro día a día, con menos líneas de sentido pero también con un grado de juego que las cosas inmediatamente cercanas a nuestro verosímil muchas veces no tienen. Los malos de la vida real no son pura maldad infernal como Maléfica: tienen explicación. Son más humanos. Y a veces, más pequeños, y más pequeño lo que pueden generarnos, porque no nos llevan a ningún lugar muy distinto del que solemos estar.
Este análisis y mi opinión es personalísima y de ninguna manera pienso que es malo revisar las viejas historias y volver a contarlas diferente. Pienso que esto es materia opinable y que hay muchos caminos válidos y hasta puede ser que todos ellos sean verdad. Lo que me pregunto es ¿por qué se hace y que nos deja a cambio? Un personaje original, con capas y capas, se ha simplificado para ser simplemente "una chabona buena, con algunos problemitas amorosos... y tiene cuernos".
¿Estamos en una época de tanta corrección política que necesitamos encontrarle razones justificadoras incluso a los villanos? ¿De dónde vienen estas ansias de acercarnos todo, en vez de ir hacia imágenes y personajes que son misteriosos y que no podemos explicar? ¿Será que queremos que todo en el mundo sea parecido a lo que tenemos en nuestra sala de estar? Jolie interpreta un hada que se vuelve mala (y sinceramente, ¿que crímen termina por cometer? Ninguno, de hecho lanza ese hechizo sobre Aurora pero luego, por pena, la salva) y que tiene toda una psicología cercana a la nuestra. De hecho su actuación es naturalista, actúa como una persona "de la vida real" solo que con orejas puntiagudas. Siendo más parecida a la gente que conocemos, incluso teniendo motivaciones psicologistas perfectamente entendibles como pueden ser el resentimiento, no consigue las aristas que aquella caricatura llena de maldad conseguía. ¿En qué momento necesitamos sentir piedad por Maléfica? Hubiera sido interesante contar la historia tal cual solo que con actores de carne y hueso. Es probable que la secuela sea buena y coseche un gran éxito en taquilla. Pero yo sigo apenado por que le hayan sacado esa maldad al personaje, y hayan dejado en su lugar... nada.
La lucha entre el bien y el mal, Maléfica vs. Felipe . 
Contar una historia no es sencillo, y si bien la peripecia y el conflicto deben ser interesantes, los personajes que la transitan lo son todo. Creo que lo interesante de Maléfica era que era maléfica, no una mujer enojada con su ex que ni siquiera es capaz realmente de matar a su bebé para vengarse, sino que ejecuta a lo largo de toda la película una levantadita de cejas, una carcajada tibia, y queda como una diosa al salvar a la hija de su enemigo. Ni siquiera se logra poner al personaje en el conflicto entre ceder a su sed de venganza y tener conciencia moral y misericordia con una pobre bebe que no le hizo nada. Los pocos momentos donde Jolie transita ese conflicto son tibios y un poco "puestos", casi como una obviedad, para que "nos quede claro, que ayyy ella es buena en realidad, pasa que está dolida, como vos, como yo, como los pobres infelices que habitan esta tierra". Tenemos tantas ganas de sentir misericordia por todo que no nos queda inteligencia para contar historias ni para disfrutarlas, me parece preocupante. Todo debe ser suave, mullido y contenedor, como dice Camille Paglia cuando se burla de la snowflake society contemporánea. 
Les dejo mi escena favorita de la original, cuando "la emperatriz del mal", según su propia definición, baja a su calabozo para hacer terrorísmo psicológico en la mente del príncipe. Esta criatura asesina y cínica, desciende para mostrarle a su enemigo que lo venció, mediante una visión en la esfera de su cetro. No solo venció al reino de Estefano quitándole a su hija (es decir, borrando la línea sucesoria y con eso, desestabilizando el poder del reino) sino que también piensa que matará a Felipe, príncipe del reino vecino que se uniría al de Estefano mediante el matrimonio con la princesa. Maléfica terrorista, Maléfica confabuladora. Ella es las fuerzas oscuras y siniestras de la naturaleza desatada (espinas, truenos, fuego) que vienen a acabar con el poder feudal levantado por los hombres, que crearon la cultura, levantaron fortalezas con piedras y pusieron cimientos a la sociedad instalando valores trascendentes (Verdad, Virtud, Amor Romántico). Maléfica es la peor cara de la madre naturaleza: es lo opuesto a la trascendencia, es la magia que ultima la vida de una doncella y la pone a pudrirse en una fría recamara, en lo alto de una torre, adonde la juventud y la fuerza tendrán que alcanzarla para restaurar la salud del reino. La Maléfica de Jolie no tiene nada de todo esto: está bien, es válido. Válido y menor. 
https://www.youtube.com/watch?v=xHO1fNYbAj8